Mayo.
Estamos prácticamente en el ecuador del año.
Siento que he desperdiciado los últimos 5 meses de mi vida.
Que no he hecho nada útil ni inútil.
Nada.
Simplemente me he dejado arrastrar por la soledad y la frustración de no estar donde quiero estar.
Me he sentido encorsetada, como si tuviera una camisa de fuerza y un bozal y nadie me viera esforzarme por soltarme de esas cadenas ni nadie escuchara mis gritos ahogados.
Ya queda poco.
En unas semanas, en unos días, voy a ser libre de nuevo y me iré volando donde mi corazón necesita estar.
Siempre que pido un deseo, ya sea soplando las velas o una pestaña, pido lo mismo. Siempre, desde que tengo uso de razón, tengo el mismo deseo.
Soy de las que creen en el poder de atracción. Si te focalizas mucho mucho en una cosa se cumplirá, pero no por arte de magia, sino porque te esfuerzas tantísimo, lo priorizas tantísimo, que al final obtienes tu recompensa.
Nunca me ha gustado la gente que se queja y no hace nada por cambiar su situación. Ahora creo que soy yo una de esas personas y me da rabia. Lo bueno es que soy consciente de eso y lo bueno es que sé que lo voy a cambiar. Y cómo lo voy a cambiar.
Me veo en un sitio. Me veo en un trabajo. Me veo feliz.
Feliz.
O no.
Igual es todo una farsa. Una construcción de mi mente sobre una idea equivocada. Pero llevo tantos meses construyendo esa idea, esa realidad, que sé que si no apuesto por ello no voy a ser capaz de conseguir la felicidad que tanto ansío.
Me he intentado justificar, pedirme mil explicaciones: ¿por qué necesitas eso? Pero no tengo una explicación lógica. Será porque los sentimientos no entienden de lógica, son eso, sentimientos. Solo los sientes.
Tal vez me equivoque, ¿y qué? Solo voy a probar una cosa, sin atarme, sin comprometerme.
Espero con ganas los seis meses restantes que le quedan al año.
Creo que es ahora cuando empieza mi año
Ojalá acabar 2023 igual de feliz que acabé 2022.
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