martes, 25 de abril de 2017

Miradas

Aquel día cada uno iba a lo suyo. Sin prestar atención a nada, caminando con paso fijo, con un objetivo común, pero desconocido el uno para el otro.
Por un instante sus miradas se cruzan, pero no ocurre nada, no se produce ningún tipo de explosión de sentimientos como pasa en las películas. No, esto no es una película, es la vida real.
Sin embargo, parece que los hilos del Destino les ofrecería una segunda oportunidad.
Solo una.
La única oportunidad de dejar a un lado las prisas, las miradas ocasionales, y conseguir centrar sus ojos en ellos, y entonces, de verdad, no presentar atención a nada más.
Y de repente ocurre.
El Destino les permite una segunda oportunidad.
Y vuelven encontrarse.
 Y vuelven a cruzar las miradas.
Y esta vez se quedan así, mirándose un par de segundos.
Y sueltan el aire a la vez. Aquel aire que habían mantenido en sus pulmones al encontrarse.
 Y suspiran.
 Y al fin, esa explosión cinematográfica tiene lugar.
Y así, el Destino realiza su cometido,
con ayuda de Cupido.