Aquel día cada uno iba a lo suyo. Sin prestar atención a nada, caminando con paso fijo, con un objetivo común, pero desconocido el uno para el otro.
Por un instante sus miradas se cruzan, pero no ocurre nada, no se produce ningún tipo de explosión de sentimientos como pasa en las películas. No, esto no es una película, es la vida real.
Sin embargo, parece que los hilos del Destino les ofrecería una segunda oportunidad.
Solo una.
La única oportunidad de dejar a un lado las prisas, las miradas ocasionales, y conseguir centrar sus ojos en ellos, y entonces, de verdad, no presentar atención a nada más.
Y de repente ocurre.
El Destino les permite una segunda oportunidad.
Y vuelven encontrarse.
Y vuelven a cruzar las miradas.
Y esta vez se quedan así, mirándose un par de segundos.
Y sueltan el aire a la vez. Aquel aire que habían mantenido en sus pulmones al encontrarse.
Y suspiran.
Y al fin, esa explosión cinematográfica tiene lugar.
Y así, el Destino realiza su cometido,
con ayuda de Cupido.
martes, 25 de abril de 2017
martes, 17 de enero de 2017
Bendito territorio
Disfrutando de tu rostro. Así me encuentro.
Te busco y rebusco por todos los rincones hasta encontrarte y saciarme de ti, pero despacio, disfrutándote. Como si no hubiese mañana nos adentramos el uno en el otro, con miedo a perdernos en aquello que llamamos deseo. Jamás imaginé que sería capaz de encontrarte, de observarte, de tocarte, de besarte y de desearte.
¡Cómo es la Vida! Sabedora de todo, que te puso un día en mi camino sabiendo que algún día sucedería.
Helada ante tu imponente ser me encuentro mientras tú exploras mi cuerpo. Helada ante tu imponente ser me encuentro mientras tú exploras mi alma.
Y al fin llega el momento que tanto esperaba y juntos nos embarcamos en territorio desconocido, pero bendito territorio. Tan ansiado y deseado como cuando un náufrago ve tierra y pone los pies en ella.
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